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Cultura e inspiración en bibliotecas públicas

Cultura e inspiración en bibliotecas públicas

Forges y la lectura

11 de Noviembre de 2015

Por Joaquina_Ramilo

Retos ante una hoja en blanco, buscando un tema para escribir sobre bibliotecas.

Ando buscando inspiración en temas de interés sobre bibliotecas, pensando que “de eso ya han escrito mucho”, o pensando “y qué vas a contar que no sea conocido”… Sin embargo, la labor de las bibliotecas y sus profesionales sigue siendo imparable; con más o menos recursos siempre sacan adelante iniciativas para: fomentar la lectura, atraer nuevos usuarios, ofrecer nuevos recursos y servicios,… Es decir, que a los profesionales bibliotecarios nunca se nos acaba la inspiración; llegan nuevas ideas, que normalmente nos encuentran trabajando.

Pero he aquí el problema de sentarse ante una pantalla de ordenador ante el reto de escribir un artículo de interés o utilidad. Y nada, que la musa Calíope debe andar entretenida en otros menesteres más urgentes, especialmente ahora que la antigua Hélade es protagonista de numerosos naufragios y de recién llegados del destierro causado por la guerra en Siria e Irak. Ante tamaña tragedia “griega” es difícil pensar en escribir…

Por otra parte, lo que más me extraña –o sorprende, porque indignarme ya he comprobado que sirve de bien poco- es que sigo encontrándome con muchas personas que no conocen la biblioteca pública de su barrio, distrito o pueblo. Vamos, que no han ido nunca ni les ha entrado la curiosidad por ir y ver lo qué hay dentro: el local, sus fondos y servicios que ofrece. Será entonces que, a pesar de todo, sigue habiendo muchos usuarios potenciales a los que “convencer” de que en nuestras bibliotecas públicas pueden encontrar soluciones a sus demandas y necesidades de recursos de lectura, información y cultura –no sólo escrita, sino también en otros formatos, desde la literatura oral hasta la disponible online-. Y parece resultar más fácil que los jóvenes y los niños decidan ir a la biblioteca, pedir hacerse el carnet, preguntar sin vergüenza “qué hay y qué se puede hacer”, curiosear e investigar, y encontrar actividades que les interesan. Sin embargo, los adultos que no son asiduos de la lectura o los que, siéndolo, están acostumbrados a comprar el libro cuando tienen ganas de leer un título concreto, parecen más reacios a entrar por primera vez en una biblioteca pública. Y he aquí donde la labor de gestión y política cultural por parte de la Administración correspondiente tiene un punto débil. A la biblioteca hay que sacarla de sus paredes, acercarla a la gente, porque es lo que hay dentro de su edificio lo que debe salir de lo desconocido: los mercados municipales, las estaciones de metro, las paradas de autobús, las plazas e incluso los bares son lugares en donde las bibliotecas públicas y sus servicios pueden y han de estar presentes.

Ha de quedar claro – además porque tenemos el convencimiento de ello- que las bibliotecas públicas son una (buena) inversión y no un gasto, ya que son los centros que, por autonomasia, ofrecen de forma libre y gratuita acceso a la información, la formación y la cultura sin restricciones de ningún tipo. No se exigen papeles ni permisos para entrar en una biblioteca pública, todas y todos son bienvenidos, políticos incluidos.


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